Grace Gasor, la chica que quería patinar
Barcelona

Estaba una noche tomando algo en un bar del Raval; había una chica con capucha en la barra, de repente se giró y me di cuenta de que su mirada tenía mucha fuerza, me pareció una criatura exótica y misteriosa. No pude evitar preguntarle si le gustaría que la capturara con mi cámara a lo que ella en inglés me contestó que sí. 

Nos encontramos en el centro de Barcelona, su piso estaba en el gótico, en una antigua finca entre edificios; compartía con otros cuatro chicos, su habitación era minúscula y su equipaje a penas un poco de ropa, su pequeño portátil y su inseparable tabla de skate. Grace estaba en Barcelona para hacer skate, su única pasión.  Había dejado su casa en Oregón a los 19 años (tenía unos 24) con la única firme convicción de patinar allá dónde el destino la llevara, y desde entonces había estado viajando. Había pasado una larga temporada en Christiania (Conpenhague), visitado toda Europa y llevaba 4 meses en Barcelona. No le pedía grandes cosas a la ciudad, más que cargarse de experiencias, las que iba acumulando como cicatrices en sus piernas, brazos, manos...

Era fácil estar con ella, miraba a cámara con cruel sinceridad, y a pesar de tener un espacio diminuto, ella lo llenaba de sobras con tan sólo su presencia. Allá donde la haya llevado de nuevo su tabla de skate, estoy segura de que seguirá guardando vivencias tras su mirada casi indescifrable.